jueves, 17 de enero de 2013

Miyo Vestrini: Imborrable huella del desamor



Una niña, viaja para conocer o desconocer una nueva cultura, la del tercer mundo. Donde vivirá y se reinventará cuando haya comprendido su viaje. Tal es el caso de la escritora y poeta Miyo Vestrini, Nacida en Francia en 1938, quien a los nueve años de edad emigra a Venezuela con su madre, padrastro y su hermana.

Marcada por diversos conflictos de carácter familiar, cultural y emocional, por no encontrar en este mundo el amor que ella aprendió, seguramente, en Neruda, en Éluard, o en algún registro perdido de la Generación del 27 española, Miyo decide vomitar esas palabras que le causan nauseas, a través de una poesía fría y directa.

En 1960, a la edad de 18 años comienza a formar parte del grupo Apocalipsis del Zulia. Una época en que Venezuela aun no escapaba del protagonismo machista, en diversos ámbitos, también en la literatura. Detrás de Hesnor Rivera y a César David Rincón, rostros más visibles de este grupo, está el de Miyo Vestrini, quien más tarde sonreirá o llorará con su escritura.

No se conocen trabajos poéticos de Miyó durante Apocalipsis, pero la semilla plantada en el Piel Roja vio florecer en 1971 su primer libro Las historias de Giovanna, al que siguieron El invierno próximo (1975), Pocas virtudes (1986) y Valiente ciudadano (1994), este último publicado tres años después de su trágica desaparición en 1991.

En estos tres poemarios, Vestrini nos presenta una poesía directa, no muy rozada de metáforas, para expresar: situaciones, momentos, y  sentimientos, descritos de una manera tan precisa y exacta, que no resulta  difícil distinguir furia de  pasión; o  el desprecio del deseo.


En su primer libro “Las historias de Giovanna”, Miyo hace un acertado esfuerzo por encajar en esa historia, allí, se asoma una Giovanna muy parecida a Miyo. En el prologo del libro “Todos los poemas” de Vestrini, escrito de la mano de Julio Miranda, quien  expone: Una mujer cuenta--recuerda—inventa la vida de otra-- implicándose-- reflejándose --desdoblándose--a sí misma en el relato.

Pero Giovanna ya no puede inventar nada,
Ni sentarse al lado del hombre dormido
Esperando que llegue el alba.
Como tú ahora
Ella mira por la ventana y tiembla de frio.

En las historias de Giovanna, Miyo nos presenta una estructura narrativa combinada con el verso y la prosa, Al leerlo estamos frente a un cuento con párrafos, y de pronto estamos frente a una estrofa.

En el poemario  “Invierno Próximo (1975)” ya soplaban vientos de incomprensión en el ambiente que rodeaba a Miyo, Vientos que despertaron un espíritu desquiciado que escribe:

Estudio con sumo cuidado las diferencias entre dirritmia, psicosis, esquizofrenia, neurosis, síndrome, pánico-
Y me arrecho

En este poemario, Miyo muestra el desarraigo con la cultura europea, si bien nos presenta un invierno con colinas, paramos, matas de sábila, azulejo, también nos presenta  un barco, un puerto, tabernas griegas, y andenes de Paris.
En “Pocas Virtudes 1986”, los 27 poemas son breves, combinando  con frecuencia el verso y la prosa, casi igual que en Las historias de Giovanna, pero de manera menos regular.

Este poemario Miyo escribe: Para Salvador,  quien fue su amigo y compañero de piso, en el edificio Sebucán, en Caracas. En el poema “Sólo tú dirás, amigo mío” escribe:
De los esplendores
de los fervientes y puros deseos
del estallido secreto en nuestras bocas
de la curvatura dulce en el cuerpo que despierta
                                                                          Sólo tú dirás


El escritor y poeta Francisco Arévalo, en un texto titulado: Siempre Miyo Vestrini, escribió: “Un año después estaba yo en el apartamento de Ludovico Silva y ella pasó rasante, vivía creo que en el edificio de al lado, en Sebucán, donde también vivía Salvador Garmendia, cómplice y amigo hasta la inconsciencia”.

En Valiente ciudadano, poemario póstumo, el cual se publico en 1994, se torna el texto más duro de cuantos conforman su obra. Una dureza, a veces, implacable, terrible, inicua. Quizás tratando de arrancar de su alma toda la rabia acumulada para partir ligera, suave como lo soñara en su juventud.

En este cuarto poemario, Miyo nos trae un lenguaje más urbano y domestico, si se quiere, podemos tropezar con palabras como: supermercado, restaurantes, autobuses, y otras como: bañarme, vestirme, cocinar.

Vestrini, agotada por el vivir desviviendo, pide a Dios poner fin al dolor y que la muerte se reafirme como una esperanza diferente a la vida: 

Dame, señor, una muerte que enfurezca 
Dame, señor, esa muerte de la intemperie que sorprende y tranquiliza.
Una muerte tan ofensiva
Como a los que ofendí


Lo poético resulta de una suerte de mixtura de elementos bastardos. Trae “la calle” al poema, lo que sin duda no se aleja de su intenso trabajo periodístico.

En este poemario, Vestrini es militante de la muerte, cree con fuerza en ella y no le teme, incluso la busca, la llora, la espera. Zanahoria Rallada, es el poema que escribe después de un intento de suicidio en el que escribe:

                                                        El primer suicidio es único.
Siempre te preguntan si fue un accidente
o un firme propósito de morir.
Te pasan un tubo por la nariz,
con fuerza,
para que duela

El 29 de noviembre de 1991, se suicidio con una sobredosis de Ritrovil,  un ansiolítico para crisis convulsivas y espasmos infantiles.

En el texto Biográfico de la muerte de Miyo Vestrini se escribió: El cuerpo vestido y calzado reposaba en la bañera, el agua la rebosaba, flotando hallaron una estampa de San Judas Tadeo, en el tocadiscos un LP de Roció Durcal. Fuera, encima de la mesa, estaban dos notas, una para su hijo Ernesto, y otra que decía: Señor, ahora ya no molestare más. Los dejare ser felices.

El escritor venezolano, y articulista del diario El Nacional, Alberto Barrera Tyszka , escribió un poema sobre la muerte de la poeta, llamado “Miyo”.

Miyo/Alberto B. Tyszka
Que las palabras pierdan su envoltura.
Que todo estalle.
Que cada imagen se abandone
a una imagen más líquida
y definitiva
que sólo existe ya,
por fin,
un ángel
dormido bajo el agua.

Muy poco se supo sobre la muerte de Miyo Vestrini, ya que para ese entonces en Venezuela el suicidio era un tema tabú. Su poesía se ha encargado de ampliarnos el panorama, de decirnos que ese hastió por la vida moderna la condujo al suicidio. Hoy, a pesar de su desaparición física, sigue viva a través de su obra poética, como una imborrable huella del desamor.